Por: Ernesto Moreno.

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Han pasado veinticinco años desde que salió Re y en las noches teñidas por la melancolía sigue sonando “Esa noche”, en cualquier quinceañera “El fin de la infancia” no sería mal complemento para los clásicos de la Banda Machos y “El baile y el salón” sigue siendo una de las infaltables en las presentaciones en vivo de Café tacvba.
¿Pero cómo puede caber tanto en un solo álbum?

En 1989 nadie imaginaba que cuatro muchachos de Ciudad Satélite tuvieran dentro de ellos canciones que quedarían marcadas para siempre como algunas de las mejores composiciones del rock latinoamericano. Rubén Albarrán, Emmanuel del Real y los hermanos Rangel, Joselo y Enrique se formaron como banda ese mismo año tocando en diferentes bares de la ciudad de México, llamando la atención por lo distintos que eran con respecto a otras bandas que tocaban rock, tanto en sonido como en vestimenta y actitud.

El debut lanzado en 1992 les había granjeado fama de banda extravagante, con canciones irreverentes y hechas para el slam, aunque desde ese entonces ya se escuchaba que tenían recursos suficientes para producir canciones más maduras. Con apenas cinco años siendo una banda y un disco bajo el brazo los tacvbos se enfrentaban al muchas veces temido segundo álbum.

Mirar hacia dentro

Bajo el ala de Gustavo Santaolalla, un productor argentino muy importante en la explosión del rock latinoamericano de aquellos tiempos, trabajando con bandas como Caifanes, La maldita vecindad, Los prisioneros, Fobia, entre otros, fue que se gestó Re.

En vez de buscar sonar a diversas bandas extranjeras, esta ocasión el concepto base era presentar la multiculturalidad que existía en México, todo gracias a la basta cantidad de estilos que la banda pudo descubrir y asimilar durante las giras realizadas por todo el país. Así los tacvbos nos traían lo insólito, canciones de abducciones alienígenas con toques folclóricos, baladas más emparentadas con los boleros que con la clásica baladita rock, además de metal, bossanova, música de banda e inclusive una canción altamente influenciada por el movimiento que dominaba las listas de éxitos del mercado anglosajón, el grunge (“La pinta”).

Gira y da vueltas y rueda girando

Si bien la multiculturalidad es el núcleo sónico de Re, las canciones traen a la mesa una variedad de temas, de los cuales uno de los más importantes es la cualidad cíclica de la vida, que se explora especialmente en “El ciclón”, un numero de funk liderado por clavinet; en “Trópico de cáncer” se cuestiona la definición de progreso que la civilización tiene, a través de Salvador, un ingeniero que renuncia a su trabajo por darse cuenta del daño que las industrias le hacen al medio ambiente. A ritmo de quebradita en “El fin de la infancia” Rubén canta: Hoy quitare el miedo/a sentirme en la vanguardia/sin tener que ir a New York/para ver allá que pasa, lo cual nos habla de lo tanto que se minusvalora a algunas expresiones artísticas solamente por provenir de México, situación que podría tener reflejo en el ambiente musical de una época donde la vía más fácil de tener credibilidad era emular sonidos y artistas británicos y estadounidenses.

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Profetas del mundo

Como suele suceder con ciertas obras clásicas, en realidad nadie dimensionó inmediatamente lo que significaba Re, empezando por algunos fans del primer disco, que realmente no esperaban un trabajo de veinte tracks que no dejaba mucho espacio para canciones movidas y con toques punk como las del primero; de manera similar la crítica musical tampoco lo recibió con los brazos abiertos, por lo menos en un principio. Con el tiempo Re fue cobrando fuerza gracias a la circulación de los sencillos en radios afuera de México y se convirtió en un éxito a nivel internacional, a tal dimensión que muchos años después sigue siendo incluido en las listas de los mejores álbumes latinoamericanos, siendo nombrado en el puesto número uno de dicha lista por la revista Rolling Stone en 2012.

Re es un disco infinito, inagotable, que sigue sonando fresco incluso veinticinco años después. Un lugar libre de espacio y tiempo, donde cohabitan Chavela Vargas, Kurt Cobain, Billy Preston y la Banda Machos, que suena a México, hecho de tal forma que todo el universo puede verse a sí mismo en él. 

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