En 1988 nadie imaginaba que un joven conserje llamado Trent Reznor, nacido y criado en un pueblito de Pensilvania, que ahora enceraba pisos en unos estudios de grabación en Cleveland, en realidad fuera un prodigio musical; uno que en años venideros desarrollaría una fructífera carrera musical con mas de un clásico bajo el brazo, ademas de que ganaría un premio oscar por musicalizar una película del mismísimo David Fincher y mucho menos  se pensaba que demostraría su potencial desde los primeros demos de lo que después se convertiría en su álbum debut, Pretty Hate Machine.

De todas las productoras con las que pudo haber salido a la luz Pretty Hate Machine, fue con una independiente, la TVT Records, que llegó a las tiendas el 20 de octubre de 1989. Su llegada fue un boom. Si bien no manejó números de un álbum superventas de la época, lo que vendió fue considerable si tomamos en cuenta que no era una escucha fácil, además había sido recibido con elogios por parte de la prensa musical; aunque el disco esté lejos de ser experimental, se aprovechaba de ciertas corrientes como el rock industrial y el hardcore punk para colarlas en una canción synthpop, casi como si los Pet Shop Boys intentarán hacer su versión del White light/White heat.

En medio del pop de fácil escucha y el hair metal que imperaba en las listas, apareció un conjunto de canciones que le hablaban directamente a los jóvenes descontentos, que mediante guitarras distorsionadas y beats fabricados en drum machines cuestionaban la religión (»Terrible Lie») y el sistema capitalista del que era imposible escapar (»Head like a hole»). Lo increíble era que se podía lanzar este tipo de mensajes anti sistema en una canción bailable que estaba destinada a ser un hit en las pistas de baile como »Down in it».

Pretty Hate Machine no sería solamente el primer paso en la gran carrera de Trent Reznor, también sería uno de los tantos discos que marcarían la pauta para que grupos como Nirvana, (que ese mismo año sacarían Bleach) Alice in Chains, e inclusive Radiohead llegaran a tomar el lugar en las listas de éxito. La angustia adolescente había llegado para quedarse.

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