El panorama del cine actual puede parecer distópico para algunos ya que el espacio que ocupa el cine de franquicias es enorme, dejando de lado el denominado cine de autor, restringiendo el número de salas en donde se puede exhibir, llegando a casi ser imposible ver alguna de ellas, un ejemplo podría ser First Man de Damien Chazelle que no pudo competir junto el coloso de Marvel Studios Black Panther, First Man quedando por debajo de su presupuesto generando más perdida que ganancia.

Otro caballo del apocalipsis es el famoso Streaming que ha alejado el público de las salas convencionales, dejando de lado la experiencia de una sala de cine, esto ha preocupado a puristas como Christopher Nolan y Quentin Tarantino que reclaman la pérdida de la sensación cinematográfica que se adquiere en una sala de cine. Uno de estos detractores fue el mismo Martin Scorsese que no solo se negaba a las plataformas de Streaming sino recientemente lanzó un comunicado contra el cine de superhéroes con la frase “It’s not real cinema”.

Para entender el cine de Scorsese deber ser visto desde el contexto donde su estilo fue concebido, desde un punto de rebeldía y juventud, que junto a cineastas como George Lucas, Francis Ford Coppola y Steven Spielberg desafiaron el status quo creando la nueva generación de cineastas en Estados Unidos, la filmografía de Scorsese está llena de cine provocativo, lleno de energía y dinamismo, que hasta este momento era fácilmente reconocible por cualquier conocedor. Scorsese a pesar de su edad o más bien gracias a ella nos sorprende con una gran reflexión sobre su cine de mafiosos.

The Irishman está basada en la novela de Charles Brandt I Heard You Paint Houses que fue escrita a partir de confesiones hechas por Frank Sheeran en donde hace una cronología de su vida, su contacto con el crimen organizado y su relación con el famoso líder sindical Jimmy Hoffa. La película sigue los mismos puntos que la novela, nos presenta al personaje del irlandés Frank Sheeran un conductor de camiones veterano de la segunda guerra mundial que entabla una amistad con el capo Russell Bufalino esta evolucionaría a una relación de trabajo como matón de la mafia. Frank Sheeran eventualmente es llamado por el famoso líder sindical Jimmy Hoffa que necesitaba deshacerse de cierta competencia en Ohio, es aquí donde la película toma un giro y se centra en la relación entre Frank Sheeran por un lado la mafia que le ha dado todo lo que tiene y Jimmy Hoffa que en él encuentra una figura de admiración y que poco a poco desarrolla una amistad genuina.

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La película es un relato fragmentado que va brincando entre tiempos, en un principio vemos a un Frank Sheeran acabado, en un asilo abandonado por su familia para luego regresar a su época donde comenzaba a involucrarse con los Bufalino, creando contrastes bastante duros que no solo se manifiesta con la tecnología de rejuvenecimiento digital que se le da a sus actores principales, sino también la fotografía de Roberto Prieto que se va deslavando con el pasar de los años, dejando muy claro Scorsese de que esta no es otra película de mafiosos, The Irishman es una reflexión sobre el cine de Martin Scorsese, no una regresión sino una revisión de su cine de mafiosos y esto se nota ya que se enfoca en la figura del irlandés, un hombre que en apariencia esconde sus emociones, que en casa su hija lo mira con recelo al saber que es lo que hace su padre para ganarse la vida, siendo ella el eje moral de la película algo que no se veía en el cine de Scorsese.

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Tampoco tenemos las escenas trepidantes y llenas de movimiento que caracterizan el estilo de Scorsese, en cambio las escenas en esta película son más asentadas y más allá de ir hacia las emociones fuertes su presentación se encarga de reforzar la psique de Frank Sheeran que es interpretado por el actor Robert De Niro que ya es parte de la filmografía del director pero que en esta película hay un cambio en su actuación, no necesita tener una gran energía, sólo necesita la mirada que es muy usada en esta película, hay momento en los que la mirada del irlandés grita desesperadamente pidiendo una vida distinta.

Un agregado natural es Al Pacino que nunca había trabajado con Scorsese, pero que encaja perfectamente en esta película sobre todo en la química que tiene con el personaje de Robert De Niro, teniendo una de las interacciones más genuinas que se ha visto en el cine de Scorsese, ambos fluyen suavemente en cada una de sus escenas.

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Esta película es el evento del año, es impensable que lo que se hizo aquí pudiera volver a repetirse, Scorsese no sólo junto a Al Pacino, Robert De Niro y sacó del retiro a Joe Pesci sino que lo hizo con la total libertad creativa algo que en este momento es imposible de hacer teniendo un presupuesto tan elevado como lo tuvo esta película.

La forma en la que Scorsese hizo esto posible lo desafió a él mismo, su colaboración con Netflix como principal productora es una sorpresa para el espectador, pero igual es una grata noticia saber que se le dio la oportunidad para poder hacer esta película de proporciones épicas. En un mundo donde las superproducciones van de superhéroes que salvan la ciudad, Scorsese nos trae una superproducción de aspecto crepuscular que nos habla sobre lo trágico y poco glamoroso que llega a ser el crimen organizado, que destruye el espíritu, familias y tristemente destruye amistades.

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