A un grande no le toma mucho tiempo reconocer a otro grande, y cuando Kurt Cobain hizo un listado de sus 50 álbumes favoritos; allí entre los Stooges, The Clash, Pixies y los Beatles, se encontraba Polly Jean, una cantautora británica que apenas rondaba sus 20s cuando en 1992 lanzaba Dry, debut que inauguró a una de las voces más importantes del rock de los 90s.

Mientras que Blur, Oasis y Suede reventaban las listas inglesas reciclando sonidos de los 60s, y en Norteamérica se producían clones de Nirvana y Pearl Jam; en 1995 Polly Jean volteaba a una dirección casi totalmente opuesta: los pantanosos y sórdidos caminos del blues.

To Bring You My Love nos muestra a Polly Jean Harvey en su máxima capacidad. Cuando se tiene que ensuciar lo hace, como en Meet Ze Monsta, que suena tan cruda y pesada que pareciera estar acompañada por los fieles escuderos de Neil Young, los míticos Crazy horse ; si tiene que suplicar como en un lapsus borracho, lo hace mientras suena una guitarra acústica cabalgante en Come on Billy. Y en la canción que le da título al disco, el órgano y unos simples rasgueos de guitarra construyen un blues oscuro y sugerente, que al final se convierte en un aullido.

To Bring You My Love es el vertedero de algunos de los deseos y las intenciones más oscuras que pueden pasar por la mente humana, y Polly Jean despliega una cualidad casi histriónica al narrar historias de amor suplicante, de sacrificios mortales e inclusive de infanticidio. Durante poco más de cuarenta minutos, nuestros oídos son raptados por una predicadora que reinventa y hace suyas las palabras de algunos de los bluesmen más importantes, como Leadbelly, Howlin Wolf y Captain Beefheart.

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