Son contadas las veces que una banda toca todas las teclas adecuadas en su primer álbum, y una de esas mágicas ocasiones se presentó con el debut de los Stone Roses. Venidos de los barrios de Manchester, los Stones conquistaban el oído juvenil por invocar sonidos de los 60s, tomando como modelo el sonido psicodélico de bandas como los Beatles o los Byrds, mientras también volteaban su mirada a la escena electrónica/dance que se desarrollaba en ese momento en su ciudad con bandas como Primal Scream o Happy Mondays.

Los Stone Roses ya se habían conformado desde 1983, pero al ser un grupo de jóvenes tan desordenados, fiesteros y bohemios, Ian Brown (voces), John Squire(guitarra), Mani (bajo) y Reni (batería) sacaron un álbum completo hasta 1989. La crítica y el público reaccionó como si hubieran soltado una bomba. Una bomba que más bien tardó unas semanas en explotar, porque el éxito comercial llegó después de mostrarse en presentaciones que ahora son legendarias, además de tocar en Top of the Pops, uno de los programas musicales de tv más importantes de Inglaterra.

Caer en el encanto era irremediable, escuchar She bangs the drums era una invitación al romance pop tan juguetón de los 60s, con guitarras saltarinas y ganchos que no salían de la cabeza, mientras Bye Bye Badman exhibía lo gran letrista que podía llegar a ser Ian Brown, metiendo un mensaje político en una canción que está bañada en el sonido Beatle.

La cosa era que uno podía saltar y cantar como un idiota enamorado, pero los Stone Roses no eran niños buenos, el álbum tenía obvias referencias a las drogas y de repente, de la boca del vocalista podia salir escupida una llama de arrogancia. En I Wanna be adored declaraba de manera directa y sencilla no solo que deseaba ser idolatrado, también lo exigía. En la recta final y en uno de los puntos culminantes del álbum, estaba I am the resurrection, canción que durante los primeros 4 minutos es una canción demoledoramente sentida, una de las canciones post rompimiento más directas del rock; después de establecer en las estrofas que no soporta ni le interesa su ex pareja, Ian Brown se posiciona unos 10 escalones arriba de la humanidad y dice «Yo soy la resurrección, y soy la vida. No podría permitirme odiarte tanto como yo quisiera». Después de esas líneas el track se convierte en una fiesta psicodélica dance.

Eran jóvenes, eran arrogantes, eran románticos, eran decadentes y también eran la principal imagen del movimiento Madchester, una movida que incluía a varias bandas que fusionaban el rock pop con el acid house y la electrónica, y como es natural, lo bailaban en clubs que eran auténticos hervideros de droga. El sencillo Fools Gold era la mayor aportación de los Stones a esa causa.

Pero algunas cosas son tan buenas que acaban rápido o, dicho en términos del mundo musical, hay bandas que llegan a tal nivel de brillantez, que después de llegar al pico, no vuelven a alcanzarlo nunca jamás. La desgracia de los Stone Roses es que llegaron demasiado rápido y después de un segundo álbum con críticas tibias y peleas entre los integrantes, la banda se rompió. Si James Dean murió a los 24 años dejando por lo menos dos obras excelsas, los Stone Roses se fueron con dos álbumes, de los cuales el primero es uno de los trabajos de pop de guitarras más bellos que han existido.

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