Escrito por: Alan Román Méndez

¿Por qué dejé de escuchar a Kanye West?

Comenzaba mi rutina de ejercicios escuchando Power, trataba de realizar textos reflexivos con Runaway y si necesitaba despertarme de camino a la universidad reproducía Monster a todo volumen. Kanye West se sostenía a lo largo de mi día, en mi consideración por ser un artista versátil y con piezas poderosas e incluso rebeldes.

Pero en los últimos años ha habido cambios importantes tanto en la forma de pensar colectiva como en la individual. Me he clavado a los estudios de género y masculinidades, misoginia, machismos cotidianos, y toda clase de violencias que ejecutamos, muchas veces sin tener pleno conocimiento de ello. Muchas veces creyendo que hacemos algo necesario.

Y con ello llegó una nueva ola de acusaciones a Kanye por sus acciones nacionalistas, pero sobre todo machistas, contra varias mujeres con las que ha tenido relación, y volvió a mi memoria el caso de mansplaining más difundido de la cultura pop. Eran los VMA 2009, y Taylor Swift acababa de recibir el premio de mejor videoclip del año por You belong with me, y justo cuando estaba dando su discurso de aceptación, West le arrebató el micrófono, espacio y tiempo, para decir su opinión sobre la deliberación, porque lo que tenía él que decir tenía prioridad ante la artista premiada. Esto aunado a múltiples referencias en portadas y canciones a este acto, tomando una actitud de superioridad, e incluso argumentando haberle hecho un favor a la carrera de la cantante.

Y debo confesar que en algún punto de mi vida escuché sobre el incidente y me pareció que Kanye estaba en lo correcto, porque estaba de acuerdo con su opinión, porque alguien tenía que decirlo, porque era justicia.

Como dije, los estudios de género no solamente han servido para fundar nuevas olas de los movimientos feminista y Queer, sino que abren una visión empática y emocional de la realidad, a la que la masculinidad comúnmente rehúye, pero es básica si se quiere convivir de manera saludable y respetuosa en cualquier sociedad. Es así como hoy entiendo que lo que hizo fue mansplaining, es decir, usar su posición de poder como varón para explicar algo cuando no le correspondía, y no solo eso, sino un abuso de poder con connotaciones violentas, publicando en su momento un videoclip donde, con un montaje nunca autorizado, colocaba a la cantante desnuda en su cama.

If You Haven't Watched Kanye's "Famous" Video Yet, Don't Bother - DJBooth

 

Ahora reconozco que la actitud de West no es un caso particular, sino que es parte de una ideología que hace creer a los hombres que tienen poder o control sobre los demás.

 

Separar al artista de…

Por otro lado, debemos entender que los artistas no deben ser modelos morales, y nosotros no debemos buscar que lo sean. Pero es necio buscar aislar una obra de la mente del artista, y, por ende, de su ideología y actos.

Pero si he dejado a Kanye West de lado, no es porque me sienta el juez moral de todo lo que se hace y deja de hacer, sino porque la ideología que inevitablemente expresa en su obra ya no me representa, se ha perdido y pertenece a un cúmulo de ideas que perpetúan conductas violentas. Mientras que existen años de rap que pueden acompañar mis rutinas, o decenas de músicos que juegan de maneras realmente rebeldes con los géneros musicales y las formas de producción.

Y ya, un escucha menos de los millones que tiene alrededor del mundo y que posiblemente serían más propensos a comprar un boleto para sus conciertos o unirse al culto que inevitablemente terminará fundando. Pero es solo una decisión personal, ¿no?

 

Lo personal es…

¿Qué tal si la injusticia prevalece? ¿Qué pasa si solamente para mí o muy pocos es relevantes la misoginia para dejar de lado a un artista?

Para esta discusión valdría colocar dos nombres sobre la mesa, Roman Polanski y Dominique Dunne.

El primero es un director franco-polaco, con producciones como Rosemary´s Baby y The Pianist, que admitió haber drogado y violado a una niña de trece años, además de haber recibido múltiples acusaciones de distintas actrices que llegaron a trabajar o a hacer castings con él. Por supuesto, Roman ha pasado los últimos veinte años de país en país huyendo de la justicia.

What does Hollywood's reverence for child rapist Roman Polanski tell us? | Film | The Guardian

En este caso, aunque vemos algo que está más penado y tipificado, y todos podemos estar de acuerdo en que el director debería pagar por lo que hizo, se ha gestado un debate alrededor, muy parecido a lo mencionado con Kanye, pero ya no personal sino político ¿Deberíamos dejar de ver sus cintas? ¿Quemarlas? ¿Censurarlas? ¿Fingir que nunca existió el autor y su obra?

Tratar de cancelar o desaparecer un artista o una obra parece una alternativa poco pragmática, e incluso irreflexiva, dado que incluye una carga de censura histórica que quizá no estamos apreciando. Y si bien, es claro que Roman Polanski es otro artista al que jamás volveré a consumir, vi algunas de sus películas, como millones de personas en el mundo, y como todo producto cultural, en mayor o menor grado forma parte de lo que somos y nuestro imaginario. Aquí es donde entra el caso de Dominique.

Dunne era actriz, una joven revelación a principios de los ochentas, sin embargo, su vida se vio interrumpida por su pareja, que ya había mostrado abuso físico y psicológico hacia ella, asesinándola el 21 de octubre de 1982. John Sweeney fue sentenciado a seis años en prisión, pero salió apenas transcurridos dos años por buena conducta y múltiples corrupciones en el caso. Esto jodió a los padres de la actriz que tomarían acciones más tarde, cuando John trabajaría como cocinero en un restaurante.

Ellen Griffin, madre de Domique, repartía folletos fuera del establecimiento con la leyenda “Las manos que preparan su comida de esta noche también asesinaron a Dominique Dunne”.

Dominique Dunne: La historia de un feminicidio en Hollywood disfrazado de crimen pasional | Monterrey Live

No se trata de ser jueces pulcros y eliminar algún contenido, sino de nombrar, como un acto político, como algo que se tiene que ver, no dejar de lado a las víctimas, a los abusos, no separar al artista de la obra, y si se piensa, tampoco obligar a su condena, pero si a una conciencia crítica de que el producto que consumimos no viene de un ser perfecto, como ninguno de nosotros lo somos.

“La película que ve fue dirigida por un hombre que drogó y violó a una niña de trece años.” “La canción que escuchas fue realizada por un hombre que humilla y abusa de mujeres.”

Como dije antes, no deberíamos exigir que los artistas sean modelos morales, pero sí reconocer la importancia de que las consecuencias de los actos deben ser públicos y por ende políticos para poder transformar las relaciones de poder que existen, que se reproducen en millones de hombres, que, como yo, pensaron que Kanye West hacía lo correcto.

Sigo queriendo hacer mis rutinas cada vez mejor, ser más comprensivo y mejorar mi desempeño profesional, pero ya no veo la competitividad y el control como valores necesarios.

Intenté hacer ejercicio y reproducir Black Skinhead para sentir más fuerza, o escuchar Flashing Lights mientras trabajaba en un ensayo, o intenté escuchar Homecoming para subir el ánimo, pero la música del señor West dejó de representarme, ya solo podía escuchar a un sujeto que jodió la vida de varias mujeres me hablaba directamente. Al final toda obra artística es eso, un estornudo cultural de su creador, y de todo lo que lleva dentro.

Y es por eso que ya no escuchó a Kanye West.

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