Escrito por: Gabriel Franco Villanueva

“Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan” (2006) tuvo el objetivo de mostrar al mundo una cara de Estados Unidos que, a pesar de no ser un gran secreto, tampoco era tan abiertamente expuesta. Borat es homofóbico, sexista, antisemita, racista e ignorante, pero pareciera que su principal defecto para la gente que entrevista es ser extranjero. En la mayoría de sus interacciones hay una gran condescendencia que los hace revelar sus más oscuros sentimientos, dejando que se expongan solos y demostrando no ser muy diferentes a Borat.

Por otro lado, su recién estrenada secuela, “Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan” (2020) tiene como su principal y único objetivo que no votes por Donald Trump en las siguientes elecciones.

Borat se embarca en una nueva aventura en la que tiene la oportunidad de meter a gente en situaciones incómodas, donde sale a relucir lo mejor de la película: su comedia. Sacha Baron Cohen es un gran improvisador y las escenas donde interactúa con gente real son bastante entretenidas gracias a dicha habilidad, pues sabe direccionarlas a extremos bastante efectivos.

Desgraciadamente, hay una gran sensación de desunión entre las bromas. En la primera parte todas tenían una razón de ser: que Borat aprendiera sobre la cultura estadounidense; acá la gran mayoría tienen que ver con la trama, pero no con el objetivo principal de la película. No todo tiene alguna relación con algo político e incluso algunas parecen personas normales con ideas propias que solo llegaron a ser molestados por Sasha. Por más divertidos que puedan ser carecen de un verdadero propósito dentro del mensaje que busca el producto entero.

Y lo que sí está directamente relacionado no tiene un verdadero peso a la hora de ser mostrado, como cuando Borat va a la manifestación anti cuarentena de la gente de extrema derecha, donde somos testigos de toda la locura en su máxima expresión. Lo malo es que en estos tiempos post-comercialización del internet esto ya ha sido mostrado muchas veces y de mejores maneras (ejemplos claros son el show de Eric Andre y el programa del propio Cohen: “Who Is America?”).

Todos somos conscientes de los lados más radicales del ambiente político estadounidense, pues este es mostrado a diario en televisión y por ende en internet. Sasha no hace nada por dar un comentario inteligente o nuevo al respecto; no hay nada que sea tan duro como para abrirle los ojos a alguien y hacer que cambie su opinión política, solo complace al público que ya tiene una decisión tomada.

Por otro lado está la parte ficticia de la película, la historia de Borat relacionándose con su hija. Tiene un progreso un tanto torpe, pues hay elementos clave que suceden fuera de cámara (como la hija convirtiéndose en reportera) que no logran el balance entre ficción y realidad como la película pasada, donde la trama era tonta pero totalmente potenciada por la realidad y como ésta iba mezclándose con la ficción.

Al final este es el resultado de un trabajo apurado, se nota de lejos que Sacha quería sacar esto antes de las elecciones, pues está en contra del actual presidente. Lamentablemente, sus ansias de meter su ideología en los demás terminan afectando la película, quitándole todo rastro de ambigüedad para el público y diciéndoles directamente qué pensar, cosa opuesta a anteriores trabajos del artista como “Da Ali G Show”, “Brüno”, o la primera parte de esta historia. Estas no son sutiles en lo más mínimo, pero era esa falta de sutileza lo que estaba tratado con ingenio para hacer dudar a la gente sobre los valores de ese país. Sin ese ingenio el producto roza lo propagandístico, incluso quitándole atemporalidad, usando a Borat únicamente por motivos comerciales y de reconocimiento, que aunque graciosa, peca de innecesaria.

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