Por Alan Roman Méndez

“You miscalculated – I love Zuko more than I fear you” – Mai

Avatar: La leyenda Aang es una de las series animadas que más han dejado un legado en los espectadores de la década del 2000. Y no es ningún descubrimiento mayor el decir que parte fundamental de su encanto reside en sus personajes. Con protagonistas en su mayoría adolescentes, desde el momento en que nos son presentados los acompañamos en diversos viajes y aventuras, que los hacen cambiar, y a nosotros junto con ellos. Y tampoco es un descubrimiento decir que Zuko, el príncipe de la Nación del fuego, y antagonista durante gran parte de la serie, es el personaje con un cambio más drástico con el paso de las temporadas. Pero hoy no venimos a hablar de las medallas que merece el nuevo Señor del fuego, sino del contraste que crea junto con su hermana, Azula. 

No hay abrazos para Azula

Azula, hija de Ozai y Ursa, y hermana menor de Zuko, creció como parte de la familia real, siendo Azulon, su abuelo, el líder de la Nación del fuego, civilización que llevaba ya varias décadas siendo la más poderosa del mundo, tras haber extinguido a los Nómadas del aire, y a tener bajo asedio tanto a las Tribus del agua como al Reino tierra, por lo que estaba en pleno auge. 

Gracias a los distintos flashbacks que muestra la serie vemos que Zuko desde niño fue muy apegado a su madre y destacaban en él las habilidades afectivas por sobre la ideas de poder en la que se funda la cultura de su nación. 

Por su parte, Azula encontró aprobación en su padre, Ozai. Se crió reproduciendo los valores de la Nación del Fuego, por lo que desestimó el amor o afecto de su madre, llegando a desestimarla a ella misma como figura de autoridad. Azula sufrió un abandonó de afecto y comprensión de niña, aún teniendo a ambos padres, así que buscó algo material que lo supliera, y eso fue el poder, en forma de militarización y violencia física. 

Creció como una adolescente con habilidades sociales y discursivas sobresalientes, pero le hacía falta empatía, lo que vemos en un capítulo clave: La playa, vemos como se le dificulta convivir con los demás adolescentes. Ella aspira constantemente a lo que entiende como el mundo adulto, o el mundo de la autoridad y la perfección. Esta clase de pensamiento y búsqueda de la fuerza va cambiando su comportamiento discretamente a lo largo de la segunda y tercera temporada de la serie.  

Valores de un mundo materialista

A partir de la segunda mitad del siglo XX, Ronald Inglehart (1997) ideó una nueva concepción de valores, que no responde solamente al aspecto moral o ético, sino al sociocultural. Nombró a estas dos corrientes como materialismo y posmaterialismo. 

Los valores materialistas se caracterizan por ser ‘de supervivencia’: normas judeocristianas tradicionales, bienestar económico, seguridad militar y orden interno, que profesaban las civilizaciones a principios del siglo pasado. Pero tras la crueldad y violencia bélica se ha dado paso a los valores postmaterialistas, o valores ‘de autoexpresión’ como el cuidado del medio ambiente, calidad de vida, autoexpresión individual y el desarme, o la abolición de la violencia en general. 

Dentro del universo de la serie no existe una civilización más industrializada que la Nación del Fuego. Tanto Azula como Zuko nacen y crecen en este ambiente de militarización y conquista, en el que la expresión de afecto y emociones es vista como una muestra de debilidad, o falta de enfoque hacia lo que es importante, el poder. 

Durante el viaje de Zuko por otras naciones, ya sea junto a su tío, solo o con el equipo Avatar, vive un proceso de reconocimiento propio, donde comprende la importancia del desarrollo afectivo-emocional para alcanzar una salud tanto física como mental, y una paz con sus propias formas de expresión. Reconociendo lo que él mismo espera de él, antes de lo que su padre u otros. 

Por su parte, Azula es acorralada por los valores materialistas, y la importancia de la imagen antes que la sustancia. Tratando de impresionar a su padre en todo momento, y de obtener más poder en búsqueda de lo que ella misma define como “perfección”. Esto se destaca en los últimos episodios de la serie, desde La roca hirviente, segunda parte donde es traicionada por Mai y Ty Lee, a las que consideraba amigas pero con las que realmente tenía una relación de opresora-víctimas, lo que termina de empujarla a la depresión e histeria que se destaca en sus decisiones y movimientos en capítulos como Los invasores del sur y El cometa Sozin, parte uno: El Rey Fénix. Es en este último capítulo donde Azula consigue su objetivo, ser Señora del fuego, pero solo porque su padre decide gobernar el mundo entero. En este encuentro, Azula cae en otro impacto, ya que se da cuenta de que esta búsqueda materialista por poder no terminará nunca, y lo observa en su padre. 

Vemos claramente como el materialismo termina siendo desgastante para los individuos, e insuficiente para el desarrollo afectivo de una persona. 

Una personalidad a pesar de la violencia

Cada hermano desarrolló una personalidad a partir de una experiencia de infancia determinada.  Es destacable la importancia de una infancia sana para el desarrollo personal, como observamos en la serie. Ambos son víctimas de un sistema de crianza que exacerba cierto tipo de valores que al final los encerraron en conductas violentas, hacia otras personas, y hacia ellos mismos. 

Inglehart (1997) afirma que existe un cambio en las civilizaciones, una “revolución silenciosa” del materialismo al posmaterialismo, y lo vemos reflejado en la transformación de Zuko, llegando a un desarrollo personal integral, y dejando atrás la visión de “poder” con las que había sido criado. 

En el caso de Azula, ella buscó ser la perpetradora, buscó hacerse de la fuerza, aunque eso le costara más de lo que estaba consciente por perder. Con esto se puede argumentar que Azula nunca fue libre, nunca fue su voluntad, sino una respuesta hacia la presión y violencia que sentía al crecer con las expectativas de la Nación del fuego, su única salida para no sentirse rechazada, y de igual forma, percibir algo de aprobación, fue la de rechazar y utilizar a otros. Azula, como la mayoría de las personas violentas, tiene poca introspección, y evita reconocer su poco desarrollo afectivo-emocional suplantando con sus destacables habilidades físicas y cognitivas, pero cuando se encuentra sola, frente al espejo, descubre todo el daño ha dejado el evadir sus propias inquietudes en pro de conseguir poder.

  

Es por ello que es necesario un enfrentamiento con la forma en que la infancia juega un papel en nuestros actos y decisiones, una aventura intrapersonal que nos deje observar la clase de valores que perseguimos, y continuar con el camino de reconocimiento propio. Poder vernos al espejo y observar algo libre, nunca perfecto, pero libre.  

Referencias

Inglehart, R. (1997). Modernization and postmodernization: cultural, economic, and 

political change in 43 societies. Princeton, N.J.: Princeton University Press.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.